jueves, 30 de julio de 2015

Patrimonio: ¿hora de incluir todas las voces?

Continuidad en los valores: nuestra capacidad para construir, y 5.000 años que lo prueban. Caral. Foto: Andina.
¿Ha llegado acaso el momento de revisar nuestras nociones sobre lo que es patrimonio*? Y si lo hacemos, ¿nos daremos cuenta que muchas de esas ideas han quedado desubicadas frente al escenario actual de lo que constituye nuestra herencia? Más aún, ¿por qué importa esto?

Aquí la nota que intenta resolver esas preguntas y que publiqué en el suplemento de Fiestas Patrias de El Comercio este 28 de Julio. Salió bajo el título “Arquitectura de la Identidad”.

* La nota solo hace referencia al patrimonio edificado.
“Lima, entendida como ciudad milenaria, permite saber reconocer el cordón umbilical multicultural que nos define como nación”

Si algo nos define bien como país es una inmensa riqueza cultural, presente y ancestral. Sin embargo, fuera de las postales de promoción turística es una riqueza que se vive en conflicto, casi como un reflejo de la manera como vivimos la experiencia de nación.

O lo virreinal se percibe como superior a lo prehispánico, o lo prehispánico se presenta como inmensamente más legítimo. Los mismos esfuerzos de recuperación siempre parecen incompletos, insuficientes.

Para la Unesco el concepto de patrimonio es un concepto vivo, y ha ido evolucionando a lo largo del tiempo.

Según Agustín Azcárate, un experto español en este campo, “el nuevo concepto del patrimonio cultural aspira a recoger todas las voces de las generaciones que nos precedieron. El patrimonio arquitectónico es uno de los primeros y más fundamentales instrumentos del conocimiento y la experiencia histórica…”.

Y aquí un primer punto: ¿hemos conseguido una visión democrática de ese legado? En esa visión de lo que nos une, ¿están incorporadas todas las voces?


Celebración del Centenario en Torre Tagle, 1921. La noción de la herencia se vivió de manera excluyente. Foto: Lima la Única.
Es cierto que el cuento del origen de Lima en 1535, incompleto y excluyente, funcionó durante más de 400 años porque era la visión oficial y dominante, y también porque la identidad cultural era prácticamente única, fruto de ese periodo.

Pero la demografía primero y la arqueología después nos obligaron a revisar no solo la narrativa sino la manera de entender ‘lo nuestro’. En ese sentido, 1940 fue un año particular.

El censo daba para Lima una población de 650 mil personas. Es también la época cuando empiezan las grandes migraciones hacia la capital, y las familias tradicionales que habían habitado el Centro inician su propio proceso de migración.

Ese espacio abandonado terminó transformado en símbolo de nuestra historia e identidad.

Con el tiempo le llamamos Centro Histórico y después, a pesar de la transformación de Lima en una ciudad de casi diez millones, con identidades y procesos históricos diferentes, la versión oficial siguió insistiendo en un ‘patrimonio-madre’.

Y es un discurso que se hizo en exclusión de los otros legados: el prehispánico, el industrial, el popular... las otras voces.

Incorporar el legado prehispánico en una sola lectura de la ciudad.  Foto: MML.
Algo cambió con la campaña Lima Milenaria, patrocinada en su momento por este Diario, porque le dio legitimidad y visibilidad a un aspecto del patrimonio que hasta entonces se había gestionado como distinto, separado, y que en el nuevo contexto demográfico y cultural de Lima adquiría una dimensión necesaria.

Se trataba de incorporar esas otras voces en un solo relato de ciudad. Hasta entonces no existía un espacio común para integrar todas nuestras identidades, salvo quizás la gastronomía más recientemente.

Ampliar ese horizonte desde 1535 hacia atrás permitió definir una sola línea de tiempo, con 5.000 años de civilización.

Esto abrió el escenario del patrimonio y la identidad a otro horizonte porque nos permitía a todos, sea cual fuese el momento con el que nos identifiquemos, ser parte de un mismo cuento: ya sea que nuestro cordón cultural fuera indígena, español, africano, chino o lo que fuera.

Democratizaba el discurso y apuntaba a una nueva ciudadanía.

Y esa línea de tiempo que aglutina y reconcilia identidades - porque no se plantean en exclusión a ninguna otra - permite también revelar valores que nos definen como nación desde mucho antes de 1821.

Son los principios de la ‘patria antigua’, como señaló alguna vez la arqueóloga Inés del Águila. Valores que le dieron fuerza a sus sociedades entonces y que, curiosamente, nos siguen definiendo como sociedad hoy: su creatividad, su religiosidad, su adaptabilidad y resiliencia.

Ahí quizás reside el poder de vernos en una sola lectura de nuestros orígenes y procesos.

¿Y por qué importa? En este nuevo contexto que vivimos, donde nos hemos vuelto gente muy práctica, donde el presente parece vivirse sin visión de futuro, quizás no sea importante.

Pero algo es cierto: nuestra riqueza cultural nos seguirá definiendo de aquí al futuro. Y esa herencia no solo es un gran recurso para el desarrollo.

Es una manera de entendernos mejor como nación. Estamos a menos de seis años del Bicentenario y eso debería ser una oportunidad para revisar nociones, peldaños de construcción que nos lleven a un espacio más cómodo.

Un espacio para muchas voces.

miércoles, 22 de julio de 2015

Nueva York: a 50 años de un gran ejemplo

Penn Station, Nueva York, a poco de ser inaugurada en 1910.
En realidad esta historia empieza con un mal ejemplo. Es 1962 y se anuncian los planes para demoler uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, la Penn Station, o la estación de tren de Pensilvania, una monumental estructura de principios del siglo XX.  Se trata de un mal ejemplo que terminó sirviendo de mucho.

La reacción de los ciudadanos a esta pérdida también fue una sorpresa y generó una nueva conciencia en temas de protección de patrimonio. 

Tanto así que dos años después, en 1965, se aprueba la Ley de Monumentos Históricos, considerada una de las mejores que existen. Y este año 2015 se recuerdan cinco décadas de ese momento que sirvió de ejemplo e inspiración para muchas otras ciudades y países.

Antes de pasar a la nota publicada por un joven periodista en esa ciudad, Alex Q. Arbuckle, y que he traducido para el blog, hay algo que me gustaría señalar.

Si bien es cierto que esto se consiguió por un activismo ciudadano, no lo es menos que el impulso determinante lo dieron personajes clave que pusieron todo su prestigio e influencia en favor de su patrimonio.

Uno de ellos fue Jackie Kennedy Onassis. ¿Cuánto le falta a Lima para tener su propia Jackie O?


Jackie Kennedy Onassis se convirtió en una de las mayores activistas por el patrimonio arquitectónico de su ciudad.
1910-1963: La destrucción de Penn Station /
La caída de un mártir de la arquitectura de Nueva York
Alex Q. Arbuckle

En 1910, cuando se inauguró la estación de tren de Pensilvania en Nueva York, el edificio fue ampliamente elogiado por su majestuosa arquitectura.

Diseñada en estilo Beaux-Arts y construida en granito rosa, su fachada lucía una imponente columnata.

La sala de espera principal, inspirada en los baños romanos de Caracalla, era el espacio interior más grande de la ciudad: una cuadra y media de largo, con enormes ventanas de cristal abovedadas, a una altura de 50 metros, sobre una cámara bañada por el sol.

Más allá, los trenes parecían salir de la roca para dejar sus pasajeros en un vestíbulo iluminado por un techo de cristal y acero en forma de un gigantesco arco.

Este paisaje puede sonar poco familiar para los residentes actuales de la ciudad, que conocen la Penn station solo como un miserable laberinto subterráneo.

La estación original llegó a atender a 100 millones de pasajeros al año durante su época de auge, en 1945, y a finales de la década de 1950 con la llegada de vuelos comerciales más baratos y la inauguración del Sistema Interestatal de Carreteras, el servicio de trenes se vio afectado.

Llegó el momento en que el ferrocarril de Pennsylvania no podía ni siquiera permitirse el lujo de mantener la estación limpia.


El interior de Penn Station, con toda su monumentalidad del Beaux-Arts.
En 1962 se dieron a conocer los planes para demoler el terminal y construir un lugar de entretenimiento, el Madison Square Garden, en la parte superior. La nueva estación de tren sería totalmente subterránea incluyendo lo mejor de la modernidad: aire acondicionado y luces fluorescentes.

Esto fue seguido de una ola de protestas pero el plan siguió adelante y Penn Station fue demolida.

La indignación fue un importante catalizador para el movimiento de preservación arquitectónica en los Estados Unidos. En 1965, se aprueba la Ley de Monumentos Históricos de Nueva York, la que ayudó a salvar la Gran Central Terminal, otra emblemática estación, y más de 30.000 edificios que se querían demoler. 2015 marca su 50 aniversario.

Desde la demolición de la antigua Penn station el uso de trenes ha aumentado diez veces. La nueva estación, una maraña de líneas de metro y tren de cercanías, es el terminal más transitado del país y está punto de reventar. Actualmente existen planes para renovarla y ampliarla, y restaurar un poco de su gloria original.

"Probablemente no seamos juzgados por los monumentos que levantamos,
sino por aquellos que destruimos”
Editorial del New York Times, 30 octubre 1963
La estación en 1963, cuando se concluían los trabajos de desmantelamiento y demolición.

Haga clic para ver la nota original en inglés
Fotos: del artículo original, menos la de Jackie Kennedy, de Google-images.

miércoles, 1 de julio de 2015

El poder de 200 y el desafío de Lima Milenaria

Tres guías sobre Lima, divididas por categorías históricas.  Aquí dos de las portadas.

Amigos, tengo gran satisfacción de celebrar la edición 200 de este blog porque se produce en un contexto de especial simbolismo: las 200 notas publicadas a la fecha coinciden con haber superado las 200,000 personas que las han leído, y esto en pleno camino al Bicentenario, que forma parte central de la siguiente etapa: las guías de patrimonio.  Ahí el desafío. 

Como la mayoría de los lectores de este blog sabe, en los últimos seis años he venido trabajando el tema de Lima y sus varias capas, desde la prehispánica y las que siguieron hasta hoy, con una visión inclusiva del patrimonio arquitectónico de la ciudad.

Los que me han acompañado en alguna de mis charlas habrán visto que siempre repito esta idea: el valor y la originalidad que nos da vivir en un lugar con un catálogo de arquitectura de más de 4.000 años. El asunto es cómo podemos valorar ese patrimonio si no lo conocemos.

De manera paralela, con el holandés Ronald Elward fundamos la editorial Limaq Publishing, con el fin de unir esfuerzos y conocimientos. Para los que no conocen su trabajo, Elward es un investigador y genealogista holandés cuyo trabajo sobre descendientes de reyes y emperadores inca en el Cusco se ha convertido en la mayor investigación hecha en el país sobre este tema.

En Holanda él tuvo a su cargo las principales publicaciones de arquitectura, como De Architect, y su interés en ese campo lo llevó a investigar y crear 16 rutas para caminar en Lima, a través de Lima Walks. Si leen los comentarios de los que han hecho estas caminatas en TripAdvisor, se sorprenderían con qué ojos ven a nuestra ciudad.

También incluye dos guías sobre Cusco. Esta es la propuesta en inglés.
Así que toda esa información acumulada de ambos lados, todos esos nuevos datos, unidos a nuestra particular manera de ver y sentir el patrimonio cultural peruano confluyeron en un proyecto que necesita ver la luz: publicar la colección Patrimonio del Bicentenario. Es decir, unas guías de arquitectura e historia, empezando con Lima y Cusco, a un precio asequible.

El contexto no puede ser mejor: estamos a menos de seis años del Bicentenario; tenemos un riquísimo legado cultural; somos cuna de civilización en el planeta; fuimos sede del mayor imperio que vio este continente; y aquí se desarrolló el barroco más glorioso de América. ¿La gran ironía? que fuera de guías de viaje, en el Perú no existen publicaciones de acceso popular que den cuenta de esta riqueza.

No es una exageración. Cualquier persona que quiera conocer sobre su patrimonio arquitectónico no tiene otra opción más que invertir en alguno de los magníficos libros de mesa, que sí existen. Por eso nuestra propuesta: unas guías de formato ágil, con buena fotografía, textos originales y, en especial, bajo precio.

En producirlas ponemos todo nuestro interés, rigor y curiosidad. Queremos que la gente se sienta inspirada con su patrimonio, y lo que buscamos ahora es la persona, empresa o fundación que apoyen este sueño patriota.

En una primera etapa son cinco guías: dos de Cusco (inca imperial y colonial), y tres de Lima (prehispánica, virreinal, independiente). Hasta ahora hemos recibido muchos espaldarazos de palabra de autoridades y empresas, pero nos falta encontrar ese compromiso contante y sonante, y por eso me tomo la libertad de hacer la invitación por esta vía.

Así que aprovechando este significativo número 200, hago público nuestro proyecto y lanzo este desafío compartido. La colección Patrimonio del Bicentenario necesita uno o varios padrinos que crean en nuestro vasto legado, y en la necesidad de darlo a conocer. Así que ahí va…

Portada de la guía dedicada a arquitectura del periodo Inca imperial.

miércoles, 24 de junio de 2015

¿Y qué dijo el Papa sobre las ciudades, su calidad de vida y el patrimonio?


Hasta ahora, la lectura de la encíclica papal dada a conocer hace unos días ha estado centrada en su aspecto más evidente: la ecología, entendida como el cuidado del planeta. Pero una segunda lectura nos lleva a un espacio más inmediato: nuestras ciudades. Qué estamos haciendo con ellas, cómo estamos recuperando calidad de vida, y qué papel desempeña su patrimonio cultural.  Se trata de una visión que hasta ahora parecía el sueño marginal de unos pocos.

Un punto del documento “Laudato si, mi Signore” (Alabado seas, mi Señor), que toma el título de la invocación de San Francisco al inicio del Cántico de las Criaturas, un texto del siglo XIII, es la necesidad de reforzar la convicción de que no vivimos en compartimentos aislados; que compartimos un espacio común (planeta, ciudad, barrio), que es un espacio de todos, y la responsabilidad que eso conlleva.

Esta semana compartimos esos párrafos de la carta papal porque provienen de un respetado líder de opinión global; del jefe de una iglesia que congrega a más de 1.200 millones de personas; y porque existe un cierto consenso en que sus palabras vienen cargadas de una sabiduría poco común, que deberían apoyar nuestras reflexiones y decisiones.

El jefe de la iglesia Católica, el Papa Francisco, durante su presentación en el Vaticano.
La suya es una visión de una ciudad integrada e integradora: no podemos limitarnos a la sobrevivencia, porque el ser humano está hecho para más; para desarrollar su identidad, para vivir la belleza, para aprender del pasado, y conseguir mejores lugares para vivir.

Al respecto, me pregunto qué impacto tendrán sus palabras.  Cómo responderá la iglesia católica en el Perú, por ejemplo, propietaria de algunos de los mayores tesoros arquitectónicos y culturales de los últimos 500 años, que en su mayoría siguen cerrados a los ciudadanos.

O cómo reaccionarán los dueños de una gran cantidad de casonas y palacios virreinales y republicanos, de los cuales solo podemos intuir lo que existe dentro, puesto que igualmente, nos mantienen excluidos de lo sublime. ¿Es este un llamado para subir el telón?

También será bueno ver qué deciden alcaldes y autoridades de cultura frente a cientos de sitios arqueológicos de la capital, que hablan de una sabiduría humana de más de 4.000 años y cuya belleza yace agobiada por capas de tierra y de olvido. ¿Cómo queremos mejores ciudades si no sabemos responder a las herencias del pasado?

Evidentemente, las palabras del Papa van más allá y buscan generar un diálogo sobre un tema que, en algunos países, ha quedado a la deriva.  Tenemos un deber y una obligación para construir mejores ciudades.  Y esto va más allá de agua, luz y pistas.  Necesitamos incorporar esta visión integradora en las decisiones que afectan la ciudad: monumentos, espacios públicos, áreas verdes.

Este blog agradece al arquitecto argentino Marcelo Magadan, en Buenos Aires, quien nos hizo notar este aspecto de la encíclica, y que nos envió una selección de párrafos que refieren -directa o indirectamente- al patrimonio cultural (arquitectónico, artístico, y urbano) y la necesidad de su conservación.

A continuación los párrafos más relevantes de la encíclica (la versión completa de la encíclica la puede leer aquí).

Fortaleza de Campoy, San Juan de Lurigancho, un gran testimonio del pasado en espera. Foto: Rolly Reyna.
[44] Hoy advertimos, por ejemplo, el crecimiento desmedido y desordenado de muchas ciudades que se han hecho insalubres para vivir, debido no solamente a la contaminación originada por las emisiones tóxicas, sino también al caos urbano, a los problemas del transporte y a la contaminación visual y acústica. (…) No es propio de habitantes de este planeta vivir cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados del contacto físico con la naturaleza.

[143] Junto con el patrimonio natural, hay un patrimonio histórico, artístico y cultural, igualmente amenazado. Es parte de la identidad común de un lugar y una base para construir una ciudad habitable. No se trata de destruir y de crear nuevas ciudades supuestamente más ecológicas, donde no siempre se vuelve deseable vivir.

Hace falta incorporar la historia, la cultura y la arquitectura de un lugar, manteniendo su identidad original. Por eso, la ecología también supone el cuidado de las riquezas culturales de la humanidad en su sentido más amplio. (…)

Es la cultura no sólo en el sentido de los monumentos del pasado, sino especialmente en su sentido vivo, dinámico y participativo, que no puede excluirse a la hora de repensar la relación del ser humano con el ambiente.


Sacristía, iglesia de San Pedro, una de las obras maestras del arte religioso virreinal, permanece cerrado a los ojos de la mayoría.
[151] Hace falta cuidar los lugares comunes, los marcos visuales y los hitos urbanos que acrecientan nuestro sentido de pertenencia, nuestra sensación de arraigo, nuestro sentimiento de « estar en casa » dentro de la ciudad que nos contiene y nos une.

Es importante que las diferentes partes de una ciudad estén bien integradas y que los habitantes puedan tener una visión de conjunto, en lugar de encerrarse en un barrio privándose de vivir la ciudad entera como un espacio propio compartido con los demás. (…)

[156] La ecología humana es inseparable de la noción de bien común, un principio que cumple un rol central y unificador en la ética social. (…)

[215] En este contexto, « no debe descuidarse la relación que hay entre una adecuada educación estética y la preservación de un ambiente sano ». Prestar atención a la belleza y amarla nos ayuda a salir del pragmatismo utilitarista.

Cuando alguien no aprende a detenerse para percibir y valorar lo bello, no es extraño que todo se convierta para él en objeto de uso y abuso inescrupuloso. Al mismo tiempo, si se quiere conseguir cambios profundos, hay que tener presente que los paradigmas de pensamiento realmente influyen en los comportamientos. (…)

[232] No todos están llamados a trabajar de manera directa en la política, pero en el seno de la sociedad germina una innumerable variedad de asociaciones que intervienen a favor del bien común preservando el ambiente natural y urbano.

Por ejemplo, se preocupan por un lugar común (un edificio, una fuente, un monumento abandonado, un paisaje, una plaza), para proteger, sanear, mejorar o embellecer algo que es de todos.

A su alrededor se desarrollan o se recuperan vínculos y surge un nuevo tejido social local. Así una comunidad se libera de la indiferencia consumista. Esto incluye el cultivo de una identidad común, de una historia que se conserva y se transmite. (…)

martes, 16 de junio de 2015

SOS huacas y parques de Lima, qué hacemos

Monticulo D de la Huaca Mateo Salado y el parque que lo rodea.

Podemos vivir absortos en los escándalos políticos que nos rodean, y no darnos cuenta de que hay otro tipo de emergencias que nadie parece estar tomando en cuenta: Lima crece y no tenemos ni más parques ni espacios públicos; dos elementos que son como la sangre y el oxígeno para cualquier ser viviente. Entonces, qué hacemos ¿aceptamos que es una ciudad desquiciada, la llevamos al precipicio y nos lanzamos todos con ella?

Como no lo vamos a hacer, necesitamos debatir, encontrar respuestas y tomar decisiones. Nuestras huacas, 385 de ellas en 40 distritos de la capital, no están ahí solo como una dimensión del pasado. Nuestra tarea debería ser cómo las incorporamos a nuestra vida hoy y darles futuro.

En un intento por alimentar un, necesario, debate sobre el tema invitamos a Rosabella Alvarez-Calderón, a contribuir con algunas reflexiones. Ella es arqueóloga y profesora del Departamento de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica del Perú, donde enseña el curso "Huaca y Ciudad", sobre la relación de los sitios arqueológicos con la ciudad moderna.

Rosabella Álvarez-Calderón.
“¿No podemos tratar a las huacas como un espacio público cualquiera…?” 

Corría el año 1999 y en un episodio del programa cómico “El Cuarto de Juan”, Carlos Carlín mostró las ventajas de un novedoso producto llamado la “Constitución Política Wantan Yuca Finger Funny”, que podías copiar y pegar, tachar capítulos incómodos y arrojarla contra la pared. Los espectadores reíamos porque sentíamos que era cierto, que era una época en que las leyes y la democracia eran utilizadas para “hacer lo que querías”. ¿Por qué recordar esto?

Porque ya no hacemos esto con la Constitución, sino con los espacios públicos de Lima. En nombre de la seguridad, la privacidad, la estética y el miedo a aquellos que “vienen a malograr nuestro barrio”, nuestros espacios públicos son constantemente mutilados, sacrificados y privatizados.

En Lima los espacios públicos, especialmente los parques, son escasos en proporción al tamaño y la población de la ciudad; se encuentran distribuidos de manera desigual, y muchos de ellos han sido enrejados, limitando el acceso y uso.

LIMA CRECE Y CON ELLA SUS NECESIDADES

En una ciudad que necesita más espacios accesibles a todos, donde no sea necesario consumir para poder usarlos, ¿podrían los sitios arqueológicos prehispánicos, las huacas, cumplir esta necesaria función de ser espacios ciudadanos?

Esta pregunta es relevante por muchas razones. Primero, Lima está densificándose: barrios de baja densidad están siendo transformados por grandes edificios de departamentos, donde es común que familias vivan en 90 metros cuadrados o menos.

Sin embargo, no ha existido un desarrollo complementario de espacios públicos para satisfacer las necesidades de los vecinos de lugares democráticos y accesibles, espacios que sirvan para la socialización, para la actividad física, y no solo como adorno.

Muchos edificios tratan de satisfacer este vacío con amenidades privadas como piscinas. En el mejor de los casos, estos espacios podrían facilitar que ciertos vecinos de un mismo edificio se conozcan, pero no que se conozcan todos los vecinos del barrio. ¿Qué tan atractivo y seguro puede ser un lugar donde no ves personas en la calle, donde no hay espacios que la gente pueda usar para pasear y conversar sin tener que pagar por acceso?

El parque y el barrio alrededor de la huaca.
HUACA COMO NÚCLEO Y NO COMO ESPACIO AISLADO

Una segunda razón, es que ya se han visto muchas experiencias positivas que indican que muchas huacas ya cumplen esta función desde hace varios años.

 Huacas como Puruchuco, Mateo Salado y Pucllana reciben visitas de personas interesadas en conocer su arquitectura e historia, y también son escenario de actividades orientadas a personas locales como cuentacuentos, conciertos y funciones de cine al aire libre.

Estas actividades contribuyen a crear y fortalecer un sentido de comunidad y seguridad al facilitar la socialización, especialmente en aquellas áreas donde la “huaca de barrio” era un espacio urbano negativo y desconectado de la gente siendo Huantille, en el distrito de Magdalena, un ejemplo.

Una huaca que ha sido “puesta en valor”, con información y un programa de actividades envía dos mensajes poderosos: que alguien está cuidando la huaca, y que la huaca no es la propiedad privada de un Estado ausente a la cual nadie puede entrar, sino un importante espacio histórico y comunitario, que todos pueden disfrutar y cuidar.

VER MÁS ALLÁ DE LOS TEMORES

Sin embargo, no todos ven con buenos ojos el uso de las huacas como espacios públicos. Existe una preocupación por actividades que pongan en riesgo el estado de conservación de los sitios, de querer convertir a las huacas en parques temáticos, donde un pasado idealizado sea más importante que una narrativa basada en evidencias arqueológicas.

Existe el temor de convertir a las huacas en escenarios pasivos de espectáculos y actividades, donde no existe relación entre el visitante con la huaca. Existe una preocupación sobre cuáles deberían ser los usos “legítimos” de una huaca, ya que estas no son “espacios públicos cualquiera”.

El problema no es que sea malo que las huacas sean espacios públicos en principio, ni que la identidad, usos y significados de las huacas en lo histórico y en lo relacionado a la memoria colectiva sean incompatibles con usos comunitarios.

El problema es que los espacios públicos son generalmente percibidos como espacios de entretenimiento (el parque de la Reserva) y como espacios Constitucion Wantan Yuca Finger Funny (las playas). Desde ese punto de vista, es comprensible que considerarlas “espacio público” puede ser una condición negativa.

Huaca La Luz I, Pueblo Libre, es un intervenido, iluminado, y en un parque/barrio muy similar, pero enrejado.
REDEFINIR LOS ESPACIOS DE RESPETO, IDENTIDAD, USO

En una ciudad que durante el siglo XX destruyó gran parte de su patrimonio arqueológico para expandir el área urbana, y donde las actividades de las inmobiliarias y los traficantes de terrenos revelan que existe una enorme demanda de espacios para construir, existe una legítima preocupación por que las huacas sobrevivientes de Lima sean percibidas no como espacios de ciudadanía y memoria colectiva que es importante conservar, sino terrenos donde uno puede “hacer lo que quiera”.

Lo esencial es replantear nuestra percepción sobre la manera cómo entendemos y usamos los espacios públicos para verlos más como espacios de ciudadanía, con muchas percepciones, significados y usos, pero cada uno con una identidad principal que lo hace único.

Los sitios arqueológicos deben tener restricciones en cuanto a su acceso y uso para su conservación, investigación, pero eso no quiere decir que no pueden ser espacios abiertos e integrados al vecindario. Nuestro mayor reto consiste en enfrentar los verdaderos prejuicios sobre los espacios públicos - seguridad, sensación de abandono, desconfianza ante lo diferente.

ESPACIOS CON FUTURO

El sitio de Mateo Salado presenta un contexto muy ilustrativo de cómo podríamos ir más allá de ver a las huacas como “espacios públicos cualquiera”. A unas cuadras de la zona arqueológica principal, se encuentra el Montículo “D”, un excepcional ejemplo de una “huaca de barrio” sin enrejar, ubicada en medio de un parque de un área residencial.

Ambos se ven bien cuidados, sugiriendo que el sitio arqueológico es parte del barrio y no un elemento foráneo que debe ser protegido de la gente. La combinación de parque y huaca ha creado un espacio público abierto cuidado por los vecinos, cuyo valor social, comunitario e histórico excede el mero valor del terreno.

No es un espacio donde cada quien “hace lo que quiere”, sino un espacio de gran valor tanto para el barrio como para la ciudad en general.

Fotos y leyendas: Rosabella Alvarez-Calderón.

Links:
La Constitucion Wantan Yuca
Conversatorio Wiley Ludeña

miércoles, 3 de junio de 2015

¿Santiago milenario? en busca de las capas ocultas de una ciudad

"Reconstrucción hipotética: Santiago como el Cusco se encuentra entre dos ríos (el Mapocho y la Cañada, actual calle Alameda), a los pies de un cerro sacralizado (Santa Lucía)".

Hace un par de años medios locales en el Perú publicaron la noticia de los descubrimientos hechos en Santiago de Chile, señalando una fundación previa de origen inca.  Desde entonces, uno de los que lanzó esta teoría ha seguido investigando esas capas de una historia desconocida para la mayoría, muy similar al caso de Lima.  Esta semana lo invitamos a escribir en el blog.

Patricio Bustamante Diaz es investigador en Arqueoastronomía, fotógrafo, escritor y docente. Tiene un Diplomado en Restauración y Conservación del patrimonio.  Aquí su posición sobre esa historia oculta, que para él adquiere sentido en el contexto de una región con lazos ancestrales que nos unen, antes que separarnos.  Gracias a él por su contribución.

Patricio Bustamante Díaz.
EL CUZCO DEL MAPOCHO, EL SUR DEL COLLASUYU

¿Qué hacen aquí?

En 2011, 10 días antes del equinoccio de primavera, tomaba fotos del primer rayo de sol iluminando la rasante del muro de la Catedral de Santiago de Chile, junto a la Plaza de Armas. Me sorprendió ver un grupo de inmigrantes peruanos, sentados a lo largo del muro de la Catedral, junto al que hasta 1540 fue el templo Inca. ¿Qué hacen sentados precisamente aquí me pregunté?

Nuestro trabajo se inició más de 20 años atrás estudiando el pucará de Chena, antigua Huaca Inca, ubicada en la salida sur de la actual ciudad de Santiago, cerca del río Maipo. Luego nuestras investigaciones nos condujeron paulatinamente hasta el centro, donde encontramos que la actual Plaza de Armas fue una plaza ceremonial Inca, las manzanas alrededor de la plaza formaban un centro administrativo del Tawantinsuyu.

Diversas excavaciones realizadas por arqueólogos a lo largo de los años, arrojaban indicios de ocupación Incaica, alrededor de la plaza de Armas. Restos de un piso Inca y un aríbalo cuzqueño, enterrado en cenizas y cercano al Altar mayor, señalan que la Catedral de Santiago está emplazada sobre un templo Inca. El actual edificio de Correos de Chile, primer sitio elegido por Pedro de Valdivia, en la esquina nor poniente de la plaza, era probablemente la casa del Gobernador Inca, Quilicanta.

A pesar de las evidencias, los arqueólogos no se dieron cuenta de que estaban en presencia de un asentamiento prehispánico pues un historiador, Osvaldo Silva, había señalado hace 30 años que la presencia Inca en Chile fue tardía y poco significativa, y este paradigma prevaleció hasta 2012 fecha en que se publicaron los primeros artículos que señalaban la fundación de Santiago sobre un centro administrativo inca (ver links al final).

Estratificación Valle Central de Chile, 14.000 años de ocupación continua.
Según la historia oficial, el conquistador Pedro de Valdivia, habría fundado la ciudad de Santiago el 12 de febrero de 1541, en un terreno eriazo, es decir sin construcciones. Junto con el Alarife Gamboa habrían trazado las calles en forma de Damero (tablero de ajedrez). Las evidencias arqueológicas señalan que el valle central de Chile ha sido habitado por seres humanos desde hace 14.000 años.

El Cuzco del Mapocho

La verdad es otra, en diciembre de 1540 Valdivia y sus hombres arriban a la rivera norte del Mapocho, según el cronista Bibar, cuando él sale del Cuzco “… con toda su gente se iba a poblar un pueblo como el Cuzco a las riberas del río nombrado Mapocho”.

Al llegar, se instala dos meses a los pies del cerro Apu Huechuraba (actualmente cerro Blanco), donde vivía una población de entre 25.000 y 80.000 personas. Durante dos meses los españoles recorrieron el valle del Mapocho, seleccionando las tierras, casas y sitios rituales a repartir.

Diego de Rosales (1877-1878), señala que Pedro de Valdivia a su llegada a la cuenca del Mapocho alojó en la Chimba (a los pies del Apu Huechuraba) y el cacique Loncomilla le aconseja fundar la ciudad al sur del río Mapocho “…donde los Ingas avian hecho una población“.

Está claro, las crónicas y los primeros historiadores señalaban la existencia de un poblado Inca en la rivera sur del río Mapuche, actualmente denominado Mapocho.

Collasuyu

La extensamente poblada área central de “Chili”, formaba parte del Tawantinsuyu, era esta una asociación multicultural, multiétnica, comercial, técnica y religiosa, que se extendía desde Colombia por el norte y Valdivia en el sur de Chile, como indican las investigaciones actuales.

El cronista Pedro Cieza de León, describiendo el Cuzco a la llegada de los conquistadores dice: "Y como esta ciudad estuviese llena de naciones extranjeras y tan peregrinas, pues había indios de Chile, Pasto, Cañares, Chachapoyas, Guancas, Collas y de los demás linajes que hay en las provincias ya dichas…”.

Los Incas, de común acuerdo con los Mapuche habitantes de esta zona, habían construido un poblado localizado entre dos ríos (el Mapocho y la Cañada, actualmente calle Alameda), entre estos se encontraba un cerro sacralizado: el Santa Lucía, y dos caminos lo cruzaban dando origen a la división en 4. Estas características señalan que se trataba de un centro administrativo, diseñado bajo el mismo patrón cultural que el Cuzco.

Seguramente este proceso no estuvo exento de conflictos, pero las evidencias arqueológicas señalan que no existieron las cruentas batallas de 20.000 incas contra 20.000 mapuches, que relatan los cronistas hispanos.

Las crónicas españolas, escritas por conquistadores que debían justificar el despojo y la barbarie de sus actos, describen a los mapuches como salvajes guerreros. Las evidencias señalan que recibían en sus tierras a extranjeros, incluyendo a los mismos españoles, que no fueron atacados al entrar al valle del Mapocho, sino acogidos, alimentados y caciques de diversas áreas vinieron a parlamentar con ellos.

“Foto del primer rayo de sol sobre la rasante del muro de la catedral de Santiago. Junto a la parte inferior del muro, por calle Catedral, se observa inmigrantes peruano sentados”
Santiago, ciudad europea

Estos hechos fueron “olvidados por la historia oficial, así el pasado indígena de Santiago fue borrado y se instaló la idea de una ciudad de origen exclusivamente europeo, como europeos serían sus habitantes… cuestión que claramente es falsa.

Santiago fue y es un centro poblado con origen indígena, multicultural y multiétnico, probablemente la sede sur del Collasuyu.

¿Qué hacen los peruanos sentados en la plaza de Armas o junto al muro de la Catedral de Santiago?, bueno sea lo que hagan, tienen derecho, pues llegaron hace mas de 500 años a estas tierras. ¿Qué hacen los chilenos tocando charango, bailando diabladas, o recorriendo tierras de Perú, Bolivia, Argentina, Ecuador o Colombia? también tienen derecho pues formaron parte originaria del Tawantinsuyu.

Estos cuestionamientos fueron respondidos a favor de la multiculturalidad, la multietnicidad y la multinacionalidad, hace 500 años en el Tawantinsuyu. ¿No será hora que miremos con ojo crítico la historia y que aprendamos del pasado?

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Imágenes y leyendas de foto: Patricio Bustamante.

- Más información en: www.waca.cl
- Stehberg, Rubén y Gonzalo Sotomayor, 2012 Mapocho Incaico. Boletín del Museo Nacional de Historia Natural, Chile 61: 85-149.
- Bustamante, Patricio y Moyano Ricardo, 2013. Cerro Wangüelen: obras rupestres, observatorio astronómico-orográfico Mapuche-Inca y el sistema de ceques de la cuenca de Santiago 
- Correo del autor: Patricio Bustamante Díaz, bys.con@gmail.com

martes, 2 de junio de 2015

El patrimonio en nuestra visión de ciudad

Lima Milenaria en la Sala Porras Barrenechea, Congreso de la República.

Texto presentado en la Sala Porras Barrenechea del Congreso, el pasado 29, durante el primer debate por Lima organizado por varios colectivos de profesionales y ciudadanos. "Vivimos un momento histórico en el despertar de la ciudad", señaló el arquitecto Wiley Ludeña, y es verdad. Es un momento que esperaba Lima desde hace mucho tiempo.

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"Esta mañana leí una noticia de la Municipalidad de París anunciando que en los próximos días van a empezar a retirar los llamados ‘candados del amor’, colocados a lo largo del tiempo en el emblemático Puente de las Artes. Una decisión que no era nueva.

La decisión se había dado a conocer en junio del 2014. Después de eso, el municipio había lanzado una campaña de sensibilización a turistas y vecinos, y casi un año después señalaban que había llegado el momento de la acción. Pero como para no romper con la tradición del todo, también indicaron que van a reemplazar los candados con otra propuesta artística… una manera de gestionar ciudad, patrimonio y ciudadanos.

París, después de todo, es un lugar donde la protección de su patrimonio y su papel en el mundo del arte y la cultura la han puesto entre los mayores destinos turísticos del planeta. Eso implica también una manera de gestionar la ciudad que encaje con esa imagen.

Y si pensamos en otras ciudades referentes de calidad, más allá de que sean hermosas o ricas, ¿Qué imagen proyectan? Lugares, por ejemplo, como Nueva York, Ámsterdam, Montevideo o Medellín.

Tejer un cuento para la ciudad

Nueva York buscó salir de una tremenda crisis a partir de los años 70 del siglo pasado, gestando y proyectando una imagen vinculada al arte, la vanguardia y la modernidad, que tenía raíces en la osadía de su arquitectura a principios del siglo XX.

Ámsterdam, continúa proyectando su imagen como faro de la libertad. En su narrativa se tejen conceptos como respeto al individuo y su calidad de vida, en un contexto de una ciudad patrimonial.

Montevideo de manera consistente, año tras año, es considerada como una de las tres urbes con mejor calidad de vida en América Latina. Aquí no hay historia desde el punto de vista patrimonial, pero sí una tradición centenaria de poner al ciudadano al centro de sus políticas urbanas. Su cuento es, o parece ser, ‘aquí vivimos bien’.

Y Medellín se convirtió en la última década en un símbolo de lo que puede hacer una gestión con los ojos puestos en el ciudadano, para salir de una crisis de violencia y exclusión. Su mensaje podría ser, ‘tenemos ideas y las hacemos realidad’.

Son cuatro lugares muy diferentes que han trabajado su narrativa urbana desde sus fortalezas: identificadas, empoderadas, proyectadas.

Lima propone

¿Y Lima? ¿Tiene algo que la hace fuerte, diferente, original? ¿Qué mensaje proyecta?

Algunos dirán su gastronomía, su cultura chicha, su creatividad, y puede ser verdad. Todo eso es parte de lo que está haciendo a este lugar distinto y atractivo. Otros, que su mensaje es caos, informalidad, ruido, inseguridad, y también estarían en lo cierto, pero eso no hace una ciudad fuerte. Por el contrario.

También hay una respuesta desde el patrimonio arquitectónico que, creo yo, le da una originalidad y posibilidades con las que pocos pueden competir.

Lo que solía sostener el arquitecto Juan Gunther, era que un sello distintivo ha sido y sigue siendo la transformación de este territorio, de un espacio desértico a la creación de 30.000 hectáreas de valles artificiales gracias a un sistema de canales que sigue trabajando para Lima hoy, de manera anónima. A eso se añade un catálogo de arquitectura monumental de 4.500 años.

Los valles cayeron fulminados bajo el cemento, pero los canales siguen bombeando sangre vital bajo nuestras calles. Según datos de la Comisión de Regantes del Río Surco, el 80% de las áreas verdes públicas de Lima centro todavía son regadas con aguas que traen canales prehispánicos.

Oficialmente tenemos 385 huacas, la mayoría en mal estado pero con todo su potencial por desarrollar. De los 43 distritos de la capital, por lo menos 40 tienen un sitio arqueológico. Según el Atlas del Patrimonio del BID del 2012, Lima es la ciudad con la mayor densidad arquitectónica del país, tanto arqueológica como histórica.

Puente de las Artes de París, con los 'candados del amor' que ya fueron retirados.
¿Y si creemos en todo su potencial?

Entonces volviendo a la pregunta original ¿qué hace a Lima diferente? Creo que ahí tenemos una respuesta. ¿Pero cuántos lo saben?

Por eso que creo en la necesidad de incorporar la visión del patrimonio en nuestra visión de ciudad. Lima ES una ciudad patrimonial, que no solo se limita a su Centro Histórico. Esta conciencia y esta información imponen una manera de entender el espacio y nuestra manera de relacionarnos con él: cómo gestionamos los recursos naturales, cómo usamos el territorio, qué sentido le damos al patrimonio, cuál es su potencial económico.

Algo se avanzó durante la gestión de Susana Villarán, quien declaró oficialmente a Lima Ciudad Milenaria y Ciudad de Culturas en enero 2012. Luego, a través de distintos programas de la gerencia de Cultura, como Arte y Arqueología, Vamos a las Huacas, se llegó a unos 15.000 estudiantes de 250 colegios de la capital. Y se puso en valor a tres huacas de El Cercado.

La gestión de Luis Castañeda ha anunciado la recuperación de Garagay, un proyecto muy esperado en uno de los grandes templos de la antigüedad en el país, pero no se ha señalado todavía un plan más integral. No veo razón por la cual no se pueda continuar con los proyectos que han probado ser exitosos y positivos para Lima.

De ciudad inventada a ciudad real

Para ir terminando, hablar de Lima para mí significa también hablar de lo simbólico, porque aquí le añade una dimensión muy real. Nadie puede negar el papel de Lima como un símbolo de exclusión a lo largo de su historia hasta hace pocas décadas.

Como conversaba hace unos días con los jóvenes de la Plaza Bélgica, y parafraseando al historiador mexicano Edmundo O’Gorman, la narrativa hasta poco era la de una ciudad inventada, porque era una narrativa falsa, o incompleta. Todos habíamos crecido con el cuento de 1535, ignorando las civilizaciones que le habían dado su primer soplo de vida ese 18 de enero.

Esa sola narrativa marcaba un mensaje de exclusión: lo anterior no cuenta. O no contaba. Lo prehispánico no tiene valor. O no lo tenía. Pero incorporar su ancestralidad en una sola lectura termina teniendo un resultado unificador.

Lima Milenaria ofrece una narrativa común. Una narrativa en la que cualquiera que sea nuestra identidad, sea esta andina, china, chicha, shipiba, africana, europea, o cualquiera que sea, podamos todos sentirnos parte de un continuum civilizatorio que empezó hace 4,000 años, y que sigue avanzando hacia adelante alimentándose del aporte de todos y cada uno.

Lima no empezó de cero. Por eso el valor de internalizar una ciudad que reconcilie y no una que divida.

Autoridades y ciudadanos

Uniendo estos dos aspectos desde la gestión de la ciudad: el del valor del patrimonio y su valor simbólico fortaleciendo ciudadanía, creo que podemos entender por qué es una vía que solo puede beneficiar a la ciudad.

La ley de municipalidades obliga a los alcaldes a proteger la herencia de sus distritos. Pero si no creemos en lo que tenemos o desconocemos su valor, poco podremos hacer para exigir que cumplan con lo que tienen que hacer, y generar oportunidades para sus barrios.

Aquí todavía hay un trabajo pendiente de difusión. El ejemplo de París, el de una autoridad municipal que genera un espacio de diálogo y respeto para implementar una decisión que afecta al patrimonio y a los ciudadanos, es aleccionador.

De repente en un futuro no muy lejano tengamos autoridades que en lugar de tomar decisiones de madrugada, hayan aprendido a consultar, a informar, a dialogar. Y quizás ahí también empecemos a cambiar el mensaje de Lima, de ciudad-caos al de ciudad-patrimonio, original y milenaria".